miércoles, 19 de mayo de 2010

Mas que a nada en el mundo de Nimphie nox


MÁS QUE A NADA EN EL MUNDO

Sinopsis:


El incidente, como solía llamarle Gustav, había sucedido una noche de verano cuando al pequeño Erik Meyer se le escapó de casa su primera mascota: un gato escuálido y lleno de pulgas, de color gris y con la cola pelada. El animal estuvo subido a un árbol durante toda la noche, maullando por no poder bajar. Erik, por su parte, acampó allí mismo a la espera de que algún alma compasiva se apiadara de su gato y de sus mocos. Gustav, nuevo en el vecindario, sólo había visto al niño un par de veces. Era la cabeza rubia que se asomaba por encima de los arbustos del jardín, las medias pequeñitas que colgaban a secar en la ventana, o los llantos desesperados que estallaban cuando aquella señorita de pocos escrúpulos y mucho escote lo encerraba en alguna habitación de la casa.

A Gustav siempre le había causado lástima. Esa noche, al oír la serenata del llanto y los maullidos, lo vio por primera vez. Era paliducho y nada bonito, con unos ojos medio grises o medio verdes que le recordaron al vasito del agua sucia donde su hermano enjuagaba los pinceles cuando era niño. Tenía la nariz respingona como el tobogán del parque y salpicada de motitas color té con leche.

Sin embargo, el cabello era lindo: castaño y ondulado.

—Eeh, ¿qué pasa? –Le preguntó Gustav. Erik levantó su cabeza llena de rizos. Los lagrimones le inundaban la carita de ratón y cuando abrió la boca para explicar entre sollozos el asunto del gato, apreció que necesitaba aparatos de ortodoncia con urgencia.

Gustav se subió a una escalera y, agarrándolo del pellejo fofo, bajó el gato. Era un bicho con cara hambre, la cabeza enorme y el cuerpo pequeño. Todavía era cachorro.
Como Erik. Observándolo a la luz de las farolas, vio que el animal estaba apestado de pulgas. Con un mohín, lo soltó entre las agradecidas manos de su dueño. El chico lo abrazó, le besó la panza peludita y se lo metió en el bolsillo del sweater. Entonces se secó la nariz con el dorso de la mano, se limpió esa misma mano en las rodillas del pantalón y, acercándose a Gustav, le rodeó la cintura con los brazos...

—¡Gracias, señor!

Esa noche habían comenzado los problemas.

Altamente recomendado...esta es una novela Gotica y Homosexual !quedan advertidos!



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